Ciudad Victoria, Tamaulipas
Camila Vallejo, rostro del despertar chileno

Con 23 años, se ha convertido en la voz del movimiento social más importante del país desde el retorno de la democracia.



Redacción | Meridiano de Hoy
2011-10-13 07:47:02

Camila Vallejo

A nadie extrañaría si su rostro apareciera en la portada de Vogue, en vez de en las primeras páginas de los matutinos chilenos, donde cada vez ocupa más y más espacio.

Y eso tiene su lógica. No sólo por la belleza de esta mujer de 23 años, sino porque Camila Vallejo Dowling se convirtió en la cara visible de un movimiento que tiene desde hace meses al presidente Sebastián Piñera y su gobierno contra la cuerdas.

La Camila, como la conocen ya todos en Chile, podría participar en un casting de modelos y ganarlo de la misma forma que ganó la presidencia de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH) en febrero pasado. Para ambas cosas tiene con qué. Belleza, carisma, compromiso político, liderazgo y una militancia en el Partido Comunista fue lo que heredó de sus padres y ha fortalecido en las primeras batallas de estudiante secundaria.

Vallejo es hoy el rostro más popular del movimiento social más importante del país desde la recuperación de la democracia y una figura que le aporta frescura al siempre apático planeta político local. Le falta sólo la tesis para concluir la licenciatura en Geografía, la que tiene postergada porque llegó a al cabeza de los estudiantes en un momento de plena ebullición.

Desde junio, su vida cambió radicalmente. Las demandas por una educación gratuita que termine con el sistema educativo heredado de la dictadura ocupan a pleno su vida. Sus compañeros destacan en ella, antes que la belleza que resaltan los medios, su compromiso social y su nivel cultural y político. “Camila ve el panorama más globalmente. Parte del problema de la educación, pero trata de integrar toda la problemática social del país”, explica el también líder estudiantil Giorgio Jackson.

Hasta ahora ha demostrado tener destreza política para conducir un movimiento donde anidan todas las ideologías y tendencias. Y mientras muchos apostaban al desgaste del movimiento, ella jugó hace dos semanas una partida con ella misma: demostrar, junto a sus compañeros en la calle, que el movimiento estaba unido y que los altos índices de apoyo de la sociedad aunque ya no intactos, seguían altos.

La meta se consiguió, al juntar a casi 50 mil personas a favor de una reforma educativa. Luego, Camila se planteó otro desafío. Propuso, indirectamente, volver a la aulas y “buscar otras formas de protesta”, como una herramienta para evitar el desgaste al que busca someterlos el gobierno.

Sigue definiéndose como una mujer de gran timidez, que logró controlar en los últimos tiempos, aunque la alta exposición pública la ha llevado desde hace un tiempo a evitar las entrevistas. Escapa de los periodistas al mejor estilo de Rita Hayworth, asistida por una jefa de prensa de pocas pulgas, como su compañera Evelyn.

No obstante, en Chile no son pocos los que le auguran un interesante futuro político, no sólo al frente del movimiento de protesta más importante de los últimos 21 años, si logra salir airosa de la estrategia de desgaste a la que la somete la administración Piñera. Hoy ambos, gobierno y estudiantes, están ajedrecísticamente en tablas; en un punto muerto que puede llevar la crisis para cualquier lado. Más aún cuando Piñera y su liderazgo siguen muy afectados. De ahí su propuesta de suspender las marchas y su posterior enfrentamiento violento con los Carabineros, al menos por un tiempo.

Vallejo genera amores y odios, algo digno de los líderes en un país que en su historia reciente tiene una tendencia casi fanática por la polarización.

Tatiana Acuña, la secretaria ejecutiva del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, osó parafrasear al dictador Augusto Pinochet para referirse a ella en su cuenta en Twitter: “Se mata a la perra y se acaba la leva…”. La misma frase que el generalísimo pronunció aquel fatídico 11 de septiembre de 1973, al dar la orden de atacar al presidente Salvador Allende. A esas palabras de Acuña se le sumó un intento de agresión en la casa de los padres Vallejo, lo que la obligó a vivir bajo custodia policial

Ella, sin embargo, no reniega de la negociación a la que vuelve cada vez que observa un resquicio y está consciente de que tiene que administrar por igual su éxito político y la desazón de no encontrar respuestas a sus reclamos, en el marco de un inusual rol para una joven de 23 años a la que millones de chilenos siguen respaldando.

Así es La Camila, el nuevo rostro político de Chile, una mujer que está más preocupada por poner a buen resguardo la lucha de los estudiantes que por aparecer en la portada de las revistas de modas.


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