Una madre

El escritor y humorista estadounidense Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido en el mundo de las letras como Mark Twain, con una amplia obra literaria entre la que destaca “Las aventuras de Tom Sawyer”, comenta: “En cierta ocasión, un joven escritor se le acercó diciéndole que tenía un problema debido a que estaba perdiendo la confianza en su capacidad para escribir. Acto seguido le pregunto:

— ¿Qué acaso no ha experimentado usted nunca esa sensación?

— Claro que sí, -respondió el escritor- una vez, después de llevar casi quince años escribiendo, de pronto vino a mi mente la idea de que no poseía el más mínimo talento de escritor.

— ¿Y qué hizo usted? Acaso es que ¿Dejó de escribir?

— ¿Cómo iba a hacerlo?… ¡Para entonces ya era yo famoso!”1

Creo que la moraleja me sirve para recordarte estimado lector que Una Madre, es famosa, ha hecho tanto bien, ha sembrado tanto amor, ha servido de una y mil maneras, ha sabido dar mucho y perdonar más, Una madre es un monumento al amor y a la esperanza.

Todas las mamás del mundo tienen una conexión directa con el Padre, por eso escuchan la voz de su corazón e intuyen maravillosamente las cosas, gozan de un sexto sentido; te recuerdan que: “Dios está contigo…no contra ti”, porque has sido creado de manera extraordinaria, por eso eres la manifestación más perfecta de amor.

Una madre sabe conectarse con la divinidad que hay en su interior, por eso entiende que hay una ley del universo que dice: “para recibir, hay que aprender a dar con humildad, dar en forma física o mental, dar pensamientos positivos, dar una oración, un abrazo, un saludo, un gesto de afecto.”

Para ella, el secreto de la vida está en iniciar el día dando, porque “en la misma manera en que des, recibirás en forma inversa y proporcional… es una ley perpetua e infinita.”

Una madre aconseja que tengas la habilidad de encontrar la misión a la que llegaste a esta vida, hacerlo potencializará tus dones llevándote a disfrutar tu camino y a tener la habilidad de unir felicidad, espiritualidad, amor, trabajo y familia, porque una cosa te debe quedar muy clara: “éxito que no aterriza en tu familia… es pura fantasía.”

Una madre bendice, por que como ángel divino, sabe que al hacerlo activa el poder de Dios para los suyos; bendecir es entrega de amor, es desear prosperidad y salud, el viejo Filósofo bendice con cariño a todas las madres del mundo en el Día de las Madres –y siempre–, a las presentes y a las ausentes; a todas les deseo que sigan siendo el fogón que llena de calor y de amor la casa materna.

Los consejos de una madre siempre llevan a sus hijos por el mejor camino: el de aprender a amarse a sí mismos, a conectarse con la vida a través de la oración y el perdón, a pensar positivamente, a caminar más, a tomarse el tiempo para ser felices, a hacer las cosas bien respetando su unicidad para ser ellos mismos, no comparándose con nadie, sabiendo agradecer el nuevo día, aprendiendo a fluir con la vida, disfrutando lo que hacen, a ser felices con lo que son y con lo que tienen, a no angustiarse por los problemas, recordando que son más grandes que ellos, pero sobre todo a conectarse y a mejorar su sentido del humor.

A propósito de humor, con motivo del Día de la Madre, el Filósofo de Güémez organizó una comida a las mamás del barrio, estas llegaron acompañadas de sus “viejos”, platicando con dos de ellos, Simpliano dice:

— Pa’ mí, no hay peor edad que los 60, cada rato tienes ganas de orinar y te la pasas parado en el baño sin que salga nada.

En ese sentido, Virulo comenta:

— Yo tengo 70, tomo laxantes, como frutas, verduras, fibras y gran parte del día estoy en el baño y nada.

El Filósofo tercia y dice: — ¡La peor edad es a los 80!

— ¿Qué?, responden sus acompañantes, a la vez que preguntan: ¿Tienes problemas pa’ orinar también?

— ¡No!, yo orino sin problema alguno todos los días a las 6 de la mañana.

— ¡Entonces!, –pregunta el Simpliano: ¿Tienes problemas pa’ evacuar?

— ¡Claro que no!, todos los días lo hago a las 6:30 de la mañana.

— ¿Entonces? –preguntan al unísono: Si todos los días a las 6 orinas y a las 6:30 haces popo, no entendemos que es lo terrible de que tengas 80 años.

— Pos’ –dice el Filósofo– ¡QUE ME DESPIERTO A LAS SIETE!

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