“Jóvenes construyendo” ¿Fraude? ¿A dónde vamos?

El pasado 28 de agosto, en su columna diaria del columnista Macario Shettino en El Financiero, llamada ¿Escándalo o crimen? sobre el Programa obradorista “Jóvenes Construyendo el Futuro”, hace un repaso basado en la reciente evaluación del programa por la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad”.

Por lo importante del tema, me permito aquí citar algunas de las principales implicaciones, que muestran que dicho programa solo tiene una eficiencia menor al 5%, con un costo anual cercano a los 100 mil millones de pesos, buscando atender un promedio de 2.3 millones de jóvenes. 

[…] ¿Escándalo o crimen? Por Macario Shettino:

El día de ayer, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad presentó un estudio del programa “Jóvenes construyendo el futuro”. Sen trata de una primera aproximación que, sin embargo, reporta información muy preocupante.

Primero, los datos del programa son sospechosamente lineales: el mismo número de personas, con las mismas edades y estudios, se inscriben semana a semana. Sobre esto ya el profesor Sebastián Garrido había externado preocupación, y esta columna lo había reportado. Pero en el estudio presentado ayer se hizo algo más a fondo: se intentó confirmar la información del programa para la Ciudad de México, con resultados sorprendentes.

De acuerdo con los datos del programa, hay 6,469 centros de trabajo que están registrados y reciben becarios. MCCI revisó 5,439 de ellos. Para evitar suspicacias, muchos más de los que estadísticamente bastarían. De entre ellos, 2,881 no pueden ser identificados, porque lo que tiene registrado el programa es simplemente una palabra: “dulcería”, “regalos”, “taller mecánico”, y la alcaldía en la que se encuentran.

Un siguiente grupo de 843 “centros de trabajo” son personas físicas con exactamente el mismo problema, no se pueden encontrar, porque sólo se tiene el nombre, sin apellidos: “Arturo”, “Mauricio”, “Jorge”.

El siguiente grupo es de empresas que podrían ser identificadas, pero no se encuentran en la dirección reportada, y se trata de 646 centros de trabajo. Dos grupos más, uno con 140 empresas que están en el padrón, pero dicen que no se inscribieron al programa, y otro con 166 empresas que no quisieron dar información al MCCI.

Esto significa que de los 5,439 centros de trabajo investigados, sólo 763, el 14%, realmente existe, es identificable y respondió. Pero 214 de ellos dicen que nunca ha recibido becarios, 136, que sí los recibió, pero ya no los tiene, y eso deja tan sólo 413 que existen, son identificables, respondieron y sí tienen becarios. Es el 7.6% de los centros de trabajo.

En esos centros de trabajo había 1,923 becarios, 22% de los cuales no iba regularmente a trabajar, y de hecho no fueron cuando se hizo la investigación. El programa “Jóvenes…” reporta que en la Ciudad de México hay 42,159. En realidad, sólo existe el 4.6%, pero se presentan a trabajar el 3.6%.

Esos 42,159 jóvenes que supuestamente están registrados implican un gasto anual de 2,100 millones de pesos, que no es poco dinero. Sin embargo, con esta información podemos asegurar que 95% de ese dinero no trabajan ni asisten.

El programa “Jóvenes…” que en su máxima expresión costará al país más de cien mil millones de pesos (2.3 millones de jóvenes), está teniendo una efectividad que, en el mejor de los casos, ronda entre 4 y 5%. Todavía no se evalúa si el programa está ayudando más a los más pobres, o a los menos, como muchos otros “programas sociales” que México utilizó antes de 1997. Aun sin eso, este programa no es un fracaso, es un escándalo.

Si recordamos que el actual gobierno destruyó Progresa-Oportunidades-Prospera y el Seguro Popular, para dar mucho más dinero a un experimento con el 4% de eficiencia, más que escándalo, parece crimen. O usted sugiérame un adjetivo […] Fin de la cita de Shettino.

Usted tome su propia opinión sobre los nuevos programas sociales, que no son monitoreados ni supervisados, ahora que el Consejo Nacional de Evaluación -CONEVAL- fue desmantelado por este gobierno. 

Estaremos atentos igualmente, sobre evaluaciones que Mexicanos contra la Corrupción, entre otros grupos de la sociedad civil realicen a los otros programas sociales que están funcionando. 

En este tenor, ahora vemos el porqué de los golpes mediáticos desde las Mañareras han dedicado contra Mexicanos contra la Corrupción, acusándolos como adversarios.

El presidente Andrés Manuel López Obrador fustigó hace tres días, contra la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), al calificarla como corrupta e hipócrita. Incluso, el mandatario le cambió el nombre, y la denominó “México en favor de la corrupción y la impunidad”.

En Palacio Nacional, López Obrador aprovechó para cuestionar a la organización encabezada por Claudio X. González, porque promovió 147 juicios de amparos que han provocado suspensiones definitivas contra la construcción del aeropuerto de Santa Lucía.

Además de vivir una nueva era de polarización social entre FiFis y morenistas, ahora se golpea inmensurablemente a grupos de periodistas y organizaciones de la sociedad civil, incluso se dirigió contra un magistrado en retiro al acusarlo de asesorar a los juicios de amparos contra Santa Lucía. 

Hoy por la tarde, fuimos testigos de la escalada de violencia incontrolable de los grupos llamados “anarcos” que se inmiscuyeron en la marcha del quinto aniversario de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. Vivimos una escalada de descontento, desconfianza y descontrol. Ahora no se respeta en lo mínimo a la llamada Guardia Nacional, que no es más que el Ejército y la Marina. 

¿Abrazos y no Balazos? creo que entre programas fallidos, inseguridad, corrupción disfrazada, obras sin sustento, descalificaciones, desempleo, falta de crecimiento económico y pérdida de inversiones públicas y privadas, entre otras cosas, sin olvidar las amenazas contra Gobiernos Estatales legítimamente electos, nos encaminan hacia una nueva etapa de ingobernabilidad y violencia sin retorno. 

Debemos izquierdas y derechas, si realmente existen, o mejor dicho todos los mexicanos, clases medias, altas y bajas, reconsiderar el proyecto de nación que queremos, dejar de soñar con eso de transformaciones sin rumbo ni destino, y replantear el futuro de todos los mexicanos. En bien de México…