Se acota su margen de maniobra

Cada vez le es más difícil maniobrar su ‘estilo personal de gobierno’ al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Cada paso que en si mismo opera, por la misma dinámica que al principio le favoreció, ahora lo está acotando, acorralando, me refiero al uso y abusivo exceso de sus conferencias mañaneras, que las extendió a medio día y nocturnas muchas veces. Incluso alargó a mensajes frecuentes de fin de semana.

El abuso de la imagen mediática, con discursos sin contenido ni narrativa, sin mediar tele pronter, ni siquiera apuntador mucho menos tarjetas ejecutivas, le han provocado graves resbalones y un manejo anárquico de mensajes descabellados.

Por otra parte, podemos descifrar el gobierno de la llamada 4T en cuatro tiempos:

1. El primero de luces y aplausos. Aquel que al tomar posesión se embiste de gala y es aclamado por propios y extraños como ‘la esperanza de México’. Donde todo es miel y promesas.

2. El segundo de altibajos, pero dentro su tendencia de más de la mitad de popularidad. Dominado por el arranque de sus programas asistenciales como ‘jóvenes construyendo el futuro’.

3. El tercero, con más caídas que aciertos, provocado por el aumento de la inseguridad, la amenaza de EE.UU. de imponer aranceles y la clara baja del PIB.

4. El actual momento, donde se pierden las formas por el mal manejo del tema de feminicidios y la intolerancia hacia las manifestaciones femeninas. Este se ve rebasado por la crisis económica y de sanidad del Coronavirus.

Estos momentos se cruzan con una clara caída de la popularidad, pero principalmente se expresa en la exhibición ante los adversarios como sus propios militantes, en una muestra fehaciente de su falta de pericia, sensibilidad y experiencia de lo que se conoce como ‘manejo del gobierno en tiempos de crisis’.

El gobierno de la 4T ha expresado ante los mexicanos como la opinión pública extranjera, una careta de impericia y de descontrol. En crisis este fenómeno necesita ser respaldado por equipos de expertos y de tiempos y movimientos.

López Obrador con su peculiar ‘estilo de gobernar’ bajo el principio de un solo hombre, con los excesos de prepotencia y grandilocuencia, pero sobretodo sin dejar por ningún segundo de denostar, denigrar y polarizar a todo aquel que no le rinda pleitesía, permite que los gobernados cada día se vean rebasados en su ‘bien desear’ a su ‘mal percibir’.

El tema de distracción cada vez le es más difícil sostener, las formas de gobernar con ‘cajas chinas’, donde una noticia o una declaración debe ser cada vez más estrindente con el fin de apagar el fuego anterior, ha provocado que además de no apagar esa primer conflagración, la siguiente sea más aparatosa y más incendiaria.

Este es precisamente el tiempo actual, ya no sabe como salir y justificar su propia mentira afincada sobre otra estulticia mayor.

El mejor ejemplo es su reciente ensayo que se fincó en una pésima interpretación del ‘Coeficiente de Gini’. Al grado tal que tuvieron que detener la divulgación del ensayo.

Otro golpe demoledor, del cual será muy difícil superar, se basa en el decreto contra la operación de las ‘energías limpias y renovables’, sumado esto al intento fracasado e infantil de tratar de cambiar el uso y medición del crecimiento via el PIB, especulando cambiarlo por un concepto no medible como es lo ‘espiritual’ como sinónimo de ‘bienestar’, ha provocado que propios y extraños piensen seriamente que ya lo perdimos, no se puede creer que esté hablando con seriedad.

Esto último sí que es un predicamento para una primer autoridad para un país como el nuestro.

La esperanza de crecer o al menos seguir estancados, ya es una causa perdida de todos los mexicanos de nivel intelectual con medianía de estudios. Creer que saldremos de esta triple crisis con solo buenos deseos, es generalizable que la mayoría de los mexicanos ya lo tienen en duda.

Creer que generaremos dos millones de nuevos empleos en el resto del año, ya se guardó en el cajón de los fracasados.

Ahora lo que resta a los mexicanos, es buscar que las autoridades de los tres órdenes de gobierno, se sienten a dialogar y conciliar.

Es tiempo de hacer un alto en el camino, es tiempo de lanzar una gran Alianza nacional. Entre la sociedad, universidades, intelectuales, empresarios, trabajadores, campesinos e iglesias.

Pero sobre todo. Es tiempo que el inquilino de Palacio retome la cordura. La dignidad del pueblo que nos representa. En una sola voz y en un solo relato. Sin definiciones ni denostaciones entre conservadores y liberales, fifis y chairos, esas no son clases sociales.

Son clichés resultantes de una mala concepción de lo que representa nuestra soberanía. Nuestra mexicanidad. Estamos todavía a tiempo.

México es más fuerte que sus problemas…